casa quemada

La literatura gótica me enseñó que existen lugares cuya propia arquitectura es monstruosa.
El romanticismo, que el fantasma es el recuerdo de haber olvidado algo o alguien importante.
El siglo XX, que la niebla o la oscuridad son símbolos que conjugan emociones profundas y arcanas.
Los lugares abandonados, que el limitado imperio del Mal, que es la ética, me hacen regresar para buscar algo que permanentemente no está.
La fotografía, que esta técnica es menos el usual estudio de luces que el abrazo de una sombra perfecta.
Todas estas razones se amalgamaron en una única emoción inexplicable, en un lugar que no está, sobre la calle Garzón.
F. F.
2010
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